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Los acociles y su importancia ecológica

Volumen 1, número 9.

 

Los acociles son crustáceos decápodos exclusivamente dulceacuícolas, lo que indica que los podemos encontrar en ríos, arroyos, lagos, humedales y presas. Pertenecen a la superfamilia Astacoidea, tienen distribución mundial sólo en climas templados o tropicales, son bentónicos y de hábitos omnívoros. Se reconocen aproximadamente 682 especies agrupadas en siete familias. Cambaridae es la familia con mayor diversidad, dentro de la cual se conocen alrededor de 431 especies distribuidas en 12 géneros; de los cuales tres se presentan en México: Cambarellus, con diez especies, Orconectes con una sola especie distribuida en Chihuahua pero que fue introducida y Procambarus, el género más diverso con 46 especies. México presenta tan sólo el 13% de los acociles del mundo pero es rico en especies endémicas, es decir, con excepción de las que han sido introducidas por el hombre, todas las demás son originarias del país y no se encuentran en ningún otro lugar. El grado de endemismo que poseen estos animales es el resultado de haber colonizado poco a poco sitios más sureños, desde su origen en Norteamérica, gracias a que presentan baja fecundidad, desarrollo directo y poca capacidad de dispersión. Lo anterior combinado con la fragmentación de los hábitats de agua dulce cada vez a velocidades mayores, originaron el aislamiento de las poblaciones y su subsecuente especiación.

El recuento de acociles en México arroja un total de 57 especies. Dicha riqueza no esta distribuida homogéneamente a lo largo de todo el país, se distinguen dos patrones: uno ocupa toda la vertiente del Golfo de México hasta Yucatán y el otro en el Altiplano a lo largo del eje Neovolcánico. Se distinguen también distribuciones disyuntas en el occidente y norte del país. La amplia distribución que presentan puede explicarse debido a que los acociles son organismos con un gran intervalo de tolerancia fisiológica, lo mismo los encontramos en aguas limpias que en aguas levemente contaminadas o contaminadas y con gran aporte de materia orgánica. También resisten cierto grado de salinidad dependiendo de la especie, por ejemplo Procambarus (Austrocambarus) llamasi y Procambarus (Austrocambarus) maya, son dos especies endémicas de la península de Yucatán resistentes a niveles moderados de salinidad dentro de humedales o marismas característicos de la península.

Los acociles en conjunto con los cangrejos, camarones y la gran diversidad de insectos acuáticos juegan papeles importantes en casi todos los procesos desde la productividad primaria, al consumir algas del fondo y a su vez re-mineralizar nutrientes que pueden tener un efecto crucial determinando las tasas de productividad primaria, hasta la descomposición de la hojarasca que entra desde la zona ribereña. Esto tiende a estimular la productividad de las algas, al menos inicialmente, ya que los consumidores remueven tejido deteriorado en las carpetas de algas. Al igual que cangrejos, camarones e insectos, los acociles, son fragmentadores de hojarasca que entra a los ríos obteniendo su energía de hongos y bacterias que colonizan las hojas dentro del cuerpo de agua. Pero para poder consumirlas tienen que consumir fragmentos de hoja y al hacerlo aceleran el proceso de descomposición de la hojarasca; así reducen el tamaño de las partículas de materia orgánica en materia orgánica fina que puede ser consumida por organismos de menor tamaño.

 

Generalmente la mayoría de los fragmentadores son omnívoros, pero sabemos poco de sus funciones dentro del ecosistema y el grado de redundancia que existe entre ellos. En realidad un grupo no es más importante que el otro, la función de todos los fragmentadores de hojarasca es complementaria, sin embargo, la pregunta principal sigue siendo ¿Cuál es el grado de redundancia entre camarones, acociles e insectos en el proceso de descomposición de la hojarasca? Al parecer existe redundancia entre insectos y acociles así que de desaparecer los acociles los insectos podrían mantener el proceso ecológico de la descomposición sin cambios drásticos, pero no podemos saber las implicaciones que esto tendría en el funcionamiento del ecosistema en términos de la cadena trófica, por ejemplo. Cabe destacar que las tasas de descomposición por macro invertebrados son mucho más elevadas que la tasa de descomposición realizada solo por microorganismos (hongos y bacterias).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Cambarellus montezumae

 

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