Demo

Alfredo

Padecemos del gran mal de las etiquetas.

Cada uno de nosotros desde el momento de nuestro nacimiento adquirimos nuestras primeras etiquetas y a lo largo de nuestra vida hemos seguido adquiriendo etiquetas y con pena nos damos cuenta de que es más fácil adquirir etiquetas que deshacernos de ellas.

Y, ¿qué dicen esas etiquetas? Pues a veces no dicen mas que una palabra y a veces toda una frase, a veces mencionan una verdad y en ocasiones difaman, pero invariablemente queda uno etiquetado.



Hay etiquetas muy populares que muchos quieren adquirir, pero pocos merecen, otras nadie las quiere, pero muchos las llevan irremisiblemente colgadas al cuello. Hay etiquetas exclusivas para los nobles y otras para el pueblo. Muchas dicen pobre, rico, noble, obrero, vago, parásito, político, en fin, nos hablan del nivel social, pero no mencionan el interior de amarilla o morena, la etiqueta azul pretende romper a la etiqueta rojas y vemos que hay tantas etiquetas como banderas, tantas como colores de la piel, como ideas, como grupos, tantas como clases sociales y por ahí vamos luchando y creyendo construir, destruyendo y estamos acabando con mi mundo, nuestro mundo y parece que no nos hemos dado cuenta que en realidad todos estamos buscando lo mismo, lástima que la torre de Babel todavía está sobre nosotros y nos impide entendernos.

¿Qué haces? ¿Cómo entendernos? ¿Por qué no aventamos todas las etiquetas y cambiamos? Que tal si mañana por la mañana nos colgamos una etiqueta de amor, una de sinceridad, una de te ayudo y otra de te necesito.

¿Qué pasaría si le ofreciera ayuda a quien me la ha negado?


¿Porqué no nos quitamos el miedo a amar, de llorar, de reír, de gozar, de luchar y cansarnos, en fin, porqué no nos quitamos el miedo a vivir? ¿Qué pasaría si no viéramos las etiquetas de los demás? O si de una vez por todas quemáramos las etiquetas que han servido para alegrarnos de las desgracias de los demás y las que nos han impedido juzgar con justicia y objetividad a los demás.

Vamos rompiendo las etiquetas y vamos a ser hombres y mujeres libres, pero para gozar de una libertad real, no una libertad física en una prisión de prejuicios y opiniones equivocadas y falsas por haber leído sólo las etiquetas externas sin preocuparnos por la internas. Vamos todos a acabar con el gran y nefasto negocio de las etiquetas.